Desconexión y Brecha Digital en Chile durante la Epidemia de Covid-19

Ricardo Baeza-Yates (Northeastern University y Universidad de Chile)

Cristian Ocaña Alvarado (Colegio de Ingenieros de Chile)

Versión extendida del artículo publicado el 18 de mayo por el Colegio de Ingenieros de Chile

Motivación

Hoy, con la crisis mundial del corona virus, la conectividad a Internet aparece como un factor crítico para la vida personal y social, pues permite acceder a apoyos que disminuyen los riesgos de contagio. También, permite disminuir la distancia social cuando debes mantener una separación física (“distanciamiento físico” [1]) con el resto del mundo. Hoy, poder estar conectado a Internet debiera ser formalmente un derecho humano como fue ya propuesto por la Asamblea de la ONU en 2011.

Antes de este evento planetario, el tener Internet era algo importante que iba más por la vía de la equidad y democracia. Pero no se nos iba la vida por ello. Donde mirásemos la ubicuidad parecía una realidad. En cafeterías, comercios, universidades, el trabajo y hasta en el propio hogar ya era casi un hecho que la Internet estaba presente.

Contexto

La tasa de 99,82% de penetración de telefonía móvil que lleva en sus registros la Subsecretaría de Telecomunicaciones [1], más todos los números distintos, más de 26 millones [2], indican que hasta los bebés puede que tengan un teléfono móvil. Pero no todos estos teléfonos tienen Internet, sólo el 82% de las personas, una tasa de penetración similar a Italia. Eso sí, casi todos los que tienen Internet, 79%, pertenecen activamente a alguna red social, una de las coberturas más altas del mundo, similar a Singapur. Hasta este punto todo parece bien.

Todo esto acompañado con un sinnúmero de empresas, instituciones públicas y de educación superior que también presentaban sus logros y avances en materias de servicios en línea. Todos fuimos testigos de miles de reportajes, cortes de cinta, avisos comerciales en estos años, donde todo parecía fluir perfecto en este mundo digital.

Sin embargo, los efectos del corona virus corrieron ciertos velos y quedaron expuestas situaciones complejas que han puesto en serio riesgo la salud de los habitantes de Chile. Por ello es preciso desagregar la información muy agregada que nos presenta el gobierno, para entender más allá de las prósperas lecturas que se hace de tales cifras. Se necesitan más datos abiertos.

Estar conectado a Internet para el acomodado grupo ABC1 es tan natural como beber agua o incluso respirar. No se concibe no tenerlo. Sus planes móviles son ilimitados y el acceso en sus hogares a Internet por fibra óptica o cable es al máximo potencial posible.

Para el siguiente grupo de ingresos, C2 y C3, es una forma esencial de comunicación y entretenimiento. La mayoría tiene un celular aunque ya los contratos son de planes limitados y un grupo importante con planes de prepago para controlar el gasto. Este grupo tiene más restricciones pero igual participa de los beneficios de los conectados al 100%, aunque 1,4 millones de personas (20% de este grupo) no tienen Internet en el hogar [3].

En el tercer grupo, DE, que equivale al 50% de la población (más de 9 millones de personas), las restricciones son mayores, con sobre el 70% con móviles con prepago y 3,6 millones de personas sin Internet en el hogar. En resumen, en el segmento C2C3 y DE hay un colectivo de altísimo riesgo, con 5 millones de personas que no tienen acceso a Internet en el hogar [3].

Es preciso recordar que desde marzo el país se inició un proceso de cuarentena como medida para disminuir los contagios. La medida funciona bien para el primer y segundo grupo, pero no para el grupo de 5 millones sin Internet en el hogar, pues no pueden realizar teletrabajo ni estudiar a distancia de manera razonable, ya que compartir Internet desde el celular es un lujo que no se pueden permitir. Esto, sin contar que muchos no tienen computador e incluso los que lo tienen, son compartidos con toda la familia, y que la mayoría de sus trabajos no pueden hacerse vía teletrabajo.

Luego, está el grupo de los completamente desconectados de Internet: 3,4 millones de personas [2]. Esto afecta aproximadamente al 20% del nivel D y una mayoría del nivel E. Estos desconectados, además, prácticamente no tienen una tarjeta de crédito por lo que deben manejar dinero en efectivo. Los que tienen la cuenta RUT del Banco Estado, pueden usar su tarjeta para retirar dinero de un cajero automático o hacer una transferencia electrónica. Sin embargo, están limitados por los costos que involucra cada transacción, que equivale al 35% de un kilo de pan.

¿Quiénes Son y Dónde Están los Desconectados?

Para contestar esta pregunta usamos como aproximación la audiencia de publicidad de Facebook [2] [4], que incluye al 79% de los chilenos y por ende al 96% de los conectados. Para la población usamos las proyecciones oficiales del INE para junio de 2019 [5]. Primero, los desconectados incluyen más hombres que mujeres (23% y 20%, respectivamente). Segundo, incluye la gran mayoría de las personas mayores de 64 años (69%) y a casi todos los niños menores de 13 años, o debería, por razones legales. Tercero, están en las regiones que tienen mayor población rural: de Coquimbo a Aysén el porcentaje oscila entre 21% y 30%, sin contar las Regiones de Valparaíso y Metropolitana, donde también impacta el porcentaje de población vulnerable. Los máximos, con 30% y 29%, son las regiones de O’Higgins y la Araucanía, respectivamente. Los mínimos son Antofagasta y Magallanes, con 6% y 9% respectivamente. Esto último tiene mucho sentido, en los lugares más desolados de Chile es vital estar conectados.

El siguiente gráfico compara la población rural y el estrato más pobre de Chile (E) [6] con los desconectados. Hay que notar que la correlación entre los desconectados y la población rural es del 85%. Con el estrato socio-económico E la correlación es aún mayor, 89%, y su impacto es importante en las regiones de Tarapacá y de Coquimbo a la Metropolitana. Considerando la suma de ambos factores en estas 4 regiones y usando la población rural en el resto, la correlación aumenta al 94%, lo que muestra que son dos factores importantes.

Comparación de tres tipos de población en Chile (2020).

Impacto en la Pandemia

Hoy, los gobiernos de todo el mundo han hecho énfasis en el “distanciamiento físico” como una forma de evitar los contagios y su propagación. El Bono de Emergencia COVID-19 que beneficiaría al 60% del grupo más vulnerable del país (2,7 millones de personas), como parte del Plan de Emergencia Económica impulsada por el Gobierno, fue entregado sin realmente considerar la salud de las personas. Miles de personas estuvieron expuestas al contagio en largas filas y en el transporte público, para poder retirar $50.000 ¿Cuántos de ellos se contagiaron? ¿Cuántos murieron o morirán debido al contagio? Entre ellos, había un volumen importante de personas mayores, grupo que tiene el mayor grado de mortalidad ante el virus.

En plena era digital ¿No hubiese sido mejor haber utilizado la cuenta RUT, habilitado la red de cajeros automáticos o armado con la banca un modelo liviano temporal de tarjeta de débito virtual usando el celular? Esto no es ciencia ficción, ya se usa en muchos países del mundo.

Es necesario ajustarse a este “Nuevo Normal” y resolver los aspectos prioritarios para mantener el “distanciamiento físico”, como el cobro de los bonos y beneficios del Estado, pago de servicios básicos, contratación de servicios, cobro del seguro de cesantía, pago de las pensiones, retiro de dinero de alguna cuenta de la AFP, sacar bonos de Fonasa, entre muchos otros.

Vemos como la crisis del corona virus agravó más las consecuencias de la brecha digital, exponiendo a un enorme grupo de compatriotas a riesgos que pueden comprometer su salud y luego su vida. Ellos son obligados y forzados a realizar trámites en forma presencial porque no cuentan con los medios para hacerlo virtualmente, gastan horas preciosas de sus vidas en transporte y filas de espera para hacer algo que a otro grupo le puede tomar 5 minutos.

Propuestas Efectivas

Entre algunas medidas inmediatas que favorecerían el “distanciamiento físico” con mayor equidad y protección de los compatriotas de los grupos D y E, están:

  • Eliminar los $300 de las transacciones del BancoEstado;
  • Eliminar el costo del tráfico de datos al realizar cualquier trámite con el Estado incluyendo el BancoEstado (por ejemplo, obtener un certificado de nacimiento en el Registro Civil);
  • Generar una tarjeta bancaria virtual móvil del BancoEstado sin costo;
  • Eliminar el costo de los SMS (en muchos países los SMS no tienen costo);
  • Habilitar la carga remota de la tarjeta BIP del transporte público y
  • Eliminar la exigencia de cualquier documento público que requiera otra institución pública para realizar un trámite propio, ya los tiene el estado (exigido en la Ley 19.880 de 2003, que “Establece los Procedimientos Administrativos que Rigen los Actos de los Órganos de la Administración del Estado”).

Algunas de estas medidas se pueden implementar de inmediato. Hay otras que requieren de voluntad para democratizar más los beneficios de un mundo digital, de mayor conectividad y conocimiento. Entre las medidas que requieren de una mayor modernización pública y privada, se encuentran:

  • Sistemas del Estado diseñados para acceder a ellos vía dispositivos móviles.
  • Mejorar y simplificar la realización de trámites en línea del Estado para la postulación a beneficios, como el Registro Social de Hogares, que presenta una alta complejidad para su llenado, lo que consume un importante tiempo de conexión.
  • Aumentar la cobertura de Internet, principalmente el acceso inalámbrico.

Es Hora de Actuar

La oportunidad de hacer estos cambios es ahora. No existen excusas válidas pues estas medidas son cruciales también para no aumentar la brecha social que ya existe en Chile, particularmente en Santiago, una ciudad altamente segregada por niveles económicos. Como bien lo explica Yuval Noah Harari, historiador y autor de “Sapiens”, cuando los países mejoran sus condiciones significativamente, como es el caso de Chile, las expectativas de sus ciudadanos son aún más altas [7], por lo cuál no sería de extrañar que la frustración generada por ellas, haya sido una de las causas principales del estallido social que se desencadenó en octubre pasado. Más aún, cuando no hay renovación social ni etaria en la economía y la política de todos los colores. En este sentido, el corona virus también ha hecho resaltar los gobiernos femeninos, que han sabido actuar con mayor empatía y transparencia sin usar la pandemia para su beneficio propio, muchos de ellos, además, haciendo un buen uso de las nuevas tecnologías, como Taiwan o Singapur. Son ejemplos a seguir. Hoy, no mañana, pues no se debe ni se puede posponer más la digitalización de Chile.

Referencias

1. Series conexiones Internet móvil. Estadísticas Sectoriales de la Subsecretaría de Telecomunicaciones, Diciembre 2019.

2. Digital 2020. We Are Social & Hootsuite. https://hootsuite.com/resources/digital-2020, Enero 2020.

3. Actualización y Clasificación GSE AIM y Manual de Aplicación Chile 2019. Asociación de Investigadores de Mercado — AIM, 2019.

4. Sistema de Publicidad de Facebook. https://www.facebook.com/adsmanager/, Abril 2020.

5. Proyecciones de Población en Base al Censo de 2017, Instituto Nacional de Estadísticas, 2020.

6. Nueva metodología de segmentación y clasificación socio-económica. Asociación de Investigadores de Mercado, — AIM, 2018.

7. Entrevista a Yuval Noah Harari en el programa Roda Viva, TV Cultura, Brasil, Noviembre 2019.

[1] Usamos “distanciamiento físico” pues el término “distanciamiento social” no es semánticamente correcto.

[2] El Sistema de publicidad de Facebook no está actualizado y considera 15 regiones, por esto Biobío y Ñuble aparecen juntos.

World-class expert on data science and algorithms. Research Professor at IEAI, Northeastern University. Former VP of Research at Yahoo Labs. ACM & IEEE Fellow.

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